Las Germanías


La Germanía en el Reino de Valencia (1519-1522) fue un movimiento social y político complejo, de origen urbano, pero que se extendió por todo el territorio con tintes antiseñoriales y que desencadenó una guerra civil. Se generó en un periodo, por un lado, de crispación social por epidemias, que suscitaron carestías y vacío de poder ante el abandono de la capital de gran parte de la población que pretendía ponerse a refugio. Por otro, de desafección generalizada ante el poder, tanto por ausencia de algunas autoridades locales como por la decisión de Carlos I de aplazar la jura de los fueros en beneficio de su proclamación imperial. Y, finalmente, por la amenaza de un ataque musulmán. En este punto, y siguiendo una autorización Fernando el Católico de 1515, los gremios decidieron armarse, lo que suscitó el rechazo señorial.

El programa de los agermanados pretendía la limitación del poder de la nobleza y de las cargas señoriales, lo que supuso el apoyo en ámbitos rurales. Además, aspiraba a una mayor representación popular en los municipios, a la reforma de la administración de justicia, a una menor presión fiscal y a la protección de la manufactura autóctona. El rey aceptó buena parte de las reivindicaciones agermanadas en su vertiente diplomática, pero la oposición a las mismas por parte del sector liderado por la nobleza radicalizó las posturas y se desencadenó la guerra. Sin una división territorial ni social claramente definida, en líneas generales gran parte de los artesanos y campesinos se enfrentaron a los señores territoriales y sus vasallos, con especial presencia de los mudéjares. En un ambiente de reivindicaciones y de cuestionamiento de la estructura tradicional, sectores cristianos desataron su ira contra los mudéjares, tanto por un problema de convivencia religiosa como por estar bajo la protección señorial. Numerosas morerías fueron asaltadas, sus moradores bautizados bajo coacción y las mezquitas derribadas o convertidas en iglesias. El emperador apoyó al bando señorial, que fue el que finalmente salió victorioso. El reino quedó maltrecho, se sucedieron epígonos de resistencia hasta 1541 en torno a figuras mesiánicas bajo el nombre del Encubierto, y en 1525 se impuso la conversión forzosa de los mudéjares, que pasaron a ser moriscos. El recelo hacia los nuevos cristianos culminó con su expulsión en 1609.